Sergio Chión Chacón

CENTRUM Católica

 

En general, los países del mundo han entrado a una etapa de envejecimiento poblacional, especialmente en el caso de los países desarrollados. Este proceso demográfico afecta casi todas las dimensiones económicas y sociales de los países, entre estas la correspondiente al sustento de los segmentos poblaciones de alta edad en la etapa post-laboral. ¿Cómo una población laboral activa más reducida podría brindar sustento económico a una población de jubilados más grande y con mayor esperanza de vida? ¿Pueden los sistemas de ahorro previsional basados en cuentas de capitalización individual hacer frente a este problema?

 

Algunos analistas consideran que los sistemas de ahorro previsional de cuentas de ahorro individuales permiten enfrentar la situación planteada en el párrafo anterior. ¿Hasta qué punto estos sistemas pueden aislar al individuo del desbalance demográfico mencionado?

 

El sistema de cuentas individuales de ahorro previsional, como el sistema AFP en el país, se basa en un ahorro obligatorio al que se sujeta al individuo durante su etapa laboral activa. Este ahorro se acumula en cuentas individuales, las cuales se incrementan tanto por los aportes obligatorios del trabajador, como por el rendimiento que reditúan los fondos acumulados. Al momento de la jubilación el individuo con su fondo acumulado compra una renta vitalicia. ¿Soluciona esto el posible desbalance poblacional entre individuos en la etapa laboral activa e individuos en la etapa de jubilación?

 

Lamentablemente ningún sistema de ahorro previsional puede enfrentar con éxito al problema demográfico planteado. Tanto los sistemas de cuentas de capitalización individual, como los sistemas de jubilación de reparto no pueden impedir el hecho real de fondo: la producción de bienes y servicios generada por el segmento de trabajadores activos tiene que brindar subsistencia a al integro de la población, esto es, tanto a los trabajadores activos como a la creciente población de individuos jubilados

 

A través de sistemas financieros no se puede resolver este aspecto de fondo de la economía real. Las cuentas de ahorro individuales de los trabajadores están invertidas en activos financieros. Al momento de la jubilación estos activos son vendidos para la adquisición de la renta vitalicia. Estos fondos son recibidos por la aseguradora que brinda la renta vitalicia, los cuales se vuelven a invertir en activos financieros. Estos activos son paulatinamente vendidos durante el periodo de jubilación del trabajador, para poder brindar la pensión prometida al jubilado. En última instancia los activos financieros de los jubilados son adquiridos paulatinamente por los trabajadores activos, los cuales se encuentran en la fase de acumulación de ahorro. Si se tiene una masa de trabajadores activos en proceso de reducción relativa a la creciente población de jubilados, la demanda por activos financieros estará en contracción relativa a la oferta de instrumentos financieros, generando precios a la baja para estos activos, lo cual implica, necesariamente, pensiones cada vez menores para los jubilados.

 

En última instancia, la única forma de enfrentar el problema de desbalance demográfico es a través de un proceso de aumento de productividad, esto es, producir más con menos trabajadores. Se requieren cambios en la economía real para hacer frente al problema económico real. Otra medidas como incremento de la edad para la jubilación son paliativos que no van al problema de fondo, lo cual no quiere decir que no sean apropiadas.

 

Para terminar, no debe interpretarse de ninguna forma este articulo como una posición contraria al sistema de capitalización individual, ni mucho menos. La única intención del artículo ha sido llamar la atención que, a pesar de todas sus bondades, el sistema de ahorro individual no puede hacer frente a un problema que esta fuera de su ámbito de acción.